La leucemia es
una enfermedad de la sangre por
la cual la médula ósea produce glóbulos blancos anormales,
denominadas células blásticas leucémicas o células
de leucemia. Estas células se dividen reproduciéndose a
sí mismas, lo que genera una proliferación neoplásica de
células alteradas que no mueren cuando envejecen o se dañan, por lo que se
acumulan y van desplazando a las células normales. Esta disminución de
células sanas puede ocasionar dificultades en el transporte del oxígeno a los
tejidos, en la curación de las infecciones o en el control de las
hemorragias.
Tipos de leucemias
- Leucemia linfática
aguda: En la
leucemia linfática aguda las células que deberían transformarse en
linfocitos se vuelven cancerosas y sustituyen a las células normales de la
médula ósea, y se diseminan hacia otros órganos (hígado, bazo, riñones,
cerebro, ganglios linfáticos...) donde siguen proliferando, y provocan
enfermedades como meningitis, anemia, insuficiencia renal y hepática, etc.
Se trata del cáncer más frecuente en niños.
- Leucemia linfática
crónica: La leucemia linfática crónica
afecta especialmente a personas mayores de 60 años, y más a los varones
que a las mujeres. Los linfocitos cancerosos aumentan en los ganglios
linfáticos, para extenderse después al hígado y al bazo, e invadir
posteriormente la médula ósea. Esta enfermedad progresa lentamente, y el
pronóstico depende de factores como la cantidad de linfocitos en la sangre
y la médula ósea, la gravedad de la anemia, y la capacidad del sistema
inmune del paciente para luchar contra las infecciones que pueda contraer.
- Leucemia mieloide
aguda: La leucemia mieloide aguda se
caracteriza porque son los mielocitos (las células que deberían
convertirse en granulocitos) los que se vuelven cancerosos y sustituyen a
las células normales de la médula ósea. Como en el caso anterior, las
células leucémicas viajan por el torrente sanguíneo y se instalan en otros
órganos, donde siguen creciendo y dividiéndose, causando diversas
afecciones (tumores, anemia, meningitis...) y dañando otros órganos. Este
tipo de leucemia afecta a personas de cualquier edad, pero sobre todo a
los adultos, y se relaciona con la exposición a grandes dosis de radiación
y con el empleo de quimioterapia para tratar otras afecciones
- Leucemia mieloide
crónica: La
leucemia mieloide crónica, que afecta a personas de todas las edades y
sexos (aunque no es frecuente en niños pequeños), cursa con anemia y
trombocitopenia (escasez de plaquetas en sangre). Las células leucémicas
se originan sobre todo en la médula ósea, pero también en el bazo y el
hígado. Con el avance de la enfermedad, los pacientes suelen presentar
fiebre, fatiga, debilidad, pérdida de apetito y peso, aumento del tamaño
de los ganglios linfáticos y hemorragia.
Causas
La leucemia se produce cuando ciertas células se vuelven cancerosas y se
infiltran en la médula ósea. Existen factores de riesgo, como un
sistema inmune debilitado, que predisponen a desarrollar esta enfermedad.
Se producen daños en la médula ósea, a modo de
desplazamiento de las células normales de la médula ósea con
un mayor número de glóbulos blancos inmaduros. Todo esto se traduce en una
falta de plaquetas en la sangre, fundamentales en el proceso de coagulación
sanguínea, por lo que las personas con leucemia pueden desarrollar fácilmente
hematomas y un sangrado excesivo o hemorragias punteadas.
Por último, la deficiencia de glóbulos rojos produce anemia, que puede
causar disnea y palidez. Se sabe que hay diversos factores que pueden provocar
la aparición de esta enfermedad.
- Genéticos.
- Inmunodeficiencias.
- Factores ambientales.
En cuento a la relación de los factores genéticos con el desarrollo de
leucemia, se sabe que la enfermedad es más frecuente en gemelos que en el resto
de la población, y padecer trastornos genéticos.
Las personas con el sistema inmunitario debilitado por la administración de
quimioterapia o fármacos inmunosupresores (que se suministran a pacientes que
han sufrido un trasplante de órganos), también son más susceptibles de
desarrollar leucemia.
Uno de los factores más estudiados son los factores ambientales, sobre todo
la exposición a radiaciones ionizantes, sustancias químicas como el
benceno ciertos fármacos y los virus.
Síntomas
Los síntomas varían en función del tipo de leucemia ante el que nos
encontremos. Estos son los más comunes:
- Leucemia mieloide aguda: Cansancio, pérdida de apetito
y de peso, fiebre y sudores nocturnos.
- Leucemia mieloide crónica: Debilidad,
sudoración profusa sin razón aparente y, al igual que en el caso
anterior, fiebre y pérdida de apetito y de peso.
- Leucemia
linfocítica aguda: Sensación de mareo o aturdimiento, debilidad y
cansancio, dificultades respiratorias, infecciones recurrentes, formación
de moratones fácilmente, fiebre y sangrado frecuente o grave en nariz y
encías.
- Leucemia
linfocítica aguda: Además de algunas de las manifestaciones ya
descritas, como la debilidad, el cansancio, la pérdida de peso, la fiebre
o los sudores nocturnos, este tipo de leucemia provoca el agrandamiento de
los ganglios linfáticos y dolor o sensación de hinchazón estomacal.
Otros síntomas generales son dolor en los huesos, como
resultado de la multiplicación de las células leucémicas en el sistema óseo, o
la aparición de anemia, cuyas características son palidez,
cansancio y poca tolerancia al ejercicio, fruto de la disminución de glóbulos
rojos. A consecuencia de la enfermedad también se produce una bajada en
el número de glóbulos blancos (leucocitos), situación que
repercute en las defensas del enfermo frente a las infecciones.
La reducción del número de plaquetas que conlleva la leucemia provoca asimismo
la aparición de manchas en la piel(petequias)
y hemorragias esporádicas. Las más comunes son a través de nariz, boca o
recto y las más graves son las que pueden producirse en el cerebro, a raíz de
una caída severa del número de plaquetas.
El tratamiento recomendado en este tipo de padecimiento es la quimioterapia. En ésta se emplean diversos medicamentos especiales destinados a
destruir las células leucémicas. Dicho tratamiento
tiene tres fases: la de inducción a la de consolidación y la de mantenimiento. En la fase de inducción a la remisión, cuya duración es de cuatro a cinco
semanas, se intenta destruir la mayor cantidad de células malignas. Cuando
ocurre la remisión, es decir el control temporal de la afección, el niño suele
lucir normal, ya que los síntomas de la leucemia desaparecen. En ciertas
ocasiones la remisión es apenas parcial, por esta razón algunos síntomas no
desaparecen del todo. Sólo un pequeño porcentaje de los parientes no logra
entrar en remisión. La fase de consolidación dura de dos a tres semanas,
mientras que la de mantenimiento debe llevarse a cabo hasta completar tres años
de tratamiento.
Tratamientos
Quimioterapia
A menudo, la quimioterapia se utiliza como tratamiento adyuvante
(tratamiento administrado después de una cirugía o radioterapia) para destruir
las células cancerosas restantes. También puede utilizarse como terapia
neoadyuvante (tratamiento administrado antes de una cirugía o radioterapia para
encoger los tumores). Para los cánceres de la sangre o del sistema linfático,
como la leucemia o el linfoma, es posible que la quimioterapia sea el único
tratamiento administrado.
Formas
de recibir quimioterapia
Por vía intravenosa: (I.V.). El
medicamento ingresa directamente en una vena. Muchos de los fármacos de
quimioterapia tradicional se administran con este método. Por lo general, una
dosis de quimioterapia I.V. dura de algunos minutos a algunas horas; sin
embargo, algunos fármacos son más eficaces cuando se administran a una
velocidad lenta continua durante algunos días o semanas de corrido.
Por vía oral: Algunos de los fármacos de quimioterapia tradicional pueden tomarse por
boca, lo que significa que se tragan como una píldora, una cápsula o un
líquido. Este se está convirtiendo en un método de administración mucho más
común, en particular, con las terapias dirigidas más nuevas.
Como una inyección. El medicamento se administra como una inyección en
el músculo o en una parte adiposa del brazo, de la pierna o del abdomen.
Por vía intraarterial (I.A.): El medicamento ingresa directamente en la
arteria que suministra sangre al cáncer.
Por vía intraperitoneal: El medicamento ingresa directamente en el
abdomen o la cavidad peritoneal (la parte del cuerpo que contiene los
intestinos, el hígado, el estómago y —en las mujeres— los ovarios).
Terapia dirigida. Estos tratamientos actúan sobre genes específicos,
proteínas o las condiciones del tejido que contribuyen al crecimiento y a la
supervivencia del cáncer. Como resultado, este tipo de tratamiento bloquea el
crecimiento y la diseminación de las células cancerosas y, a la vez, limita el
daño a las células normales.
Inmunoterapia. Este tipo de tratamiento está diseñado para estimular
las defensas naturales del cuerpo para combatir el cáncer. Utiliza materiales
producidos por el cuerpo o fabricados en un laboratorio para reforzar,
identificar o restaurar la función del sistema inmunitario.






